Desde este humilde espacio cibernético, donde todo es posible, regalo palabras para explicar una parte de la vida (¿docente?). Se puede leer, se puede opinar e incluso se puede disfrutar.
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Jueves, 03 de noviembre de 2005
Cuando era pequeña y vivía en mi pueblo de verdad, sentía plena admiración por aquéllos que venían de la capital o de más lejos incluso a pasar fines de semana o períodos vacacionales. Llegaban con su halo de misterio (luego comprendí que se lo ponía yo) y cargados de aires y joyas ellas y puros habanos ellos cual indianos. Posiblemente vivieran en un piso de 40 metros cuadrados, pero ya se encargaban ellos de que no lo pareciera, entre otras cosas, impostando el acento de fuera más de lo que permite el sentido común. Eran los forasteros, suficiente como para que a mí me pareciera sinónimo de finos y ricos.
Algunas de las lindezas que se les escapaban por esa boquita eran del tipo:
-Uy, ¿en esos agujeritos vive gente?
Los agujeritos en cuestión eran las cuevas del Cabezo Putiños, antaño residencia de los antepasados de los que ahora los habían rebajado a la categoría de "agujeritos".
Pues bien, ahora soy yo la que viene de fuera y, aunque algo fisna sí que soy, no cumplo ni de lejos el segundo requisito (la riqueza). Me encanta tener pueblo, aunque no volvería a vivir allí por nada del mundo (espero que mis paisanos no estén leyendo esto).
Una de las cosas que más me gustan cuando llego allí es el hecho de reencontrarme con otros apátridas como yo y ponernos al día. Después de esto, siempre se escapan conversaciones poco dialécticas. Ejemplo recientito:
-¿os imagináis que entráramos en Gran Hermano y vinieran las cámaras de Tele5 a nuestro barrio?
-Pues anda que como vinieran al mío, estaba yo apañada con mis vecinas. Sobre todo si vienen el otro día cuando pasó la Pilarín la Matahombres.
-Cuenta, cuenta… La curiosidad es una virtud en mi pueblo.
-Pues nada, que resulta que mi madre está con la cadera rota porque, como se cree súper-woman, saltó por el balcón a casa de la vecina, que se había dejado las llaves dentro. Desde entonces, pasa cada día a ver si necesitamos algo. El otro día estaba yo en el baño y oigo: “¿Chochico, ande estás? Que voy a por pescao, ¿os traigo algo?”. Así que imaginaos a la Mercedes Milá comentando este video.
Como mi amiga la narradora de este suceso acaba de aprobar unas oposiciones buenísimas, no creo que esté por estos menesteres, así que dimos por zanjada la conversación y nos fuimos a ver la Casa de Dios.

No se trata de una de las iglesias (preciosas, por cierto) con las que contamos en la villa, sino de una casa hecha por las propias manos del propietario siguiendo instrucciones directas de Dios, de ahí su nombre.
Desde que salió en Crónicas Marcianas en la sección de los frikies del Cárdenas, los curiosos se agolpan a su puerta, circunstancia que aprovecha el buen señor (con minúscula) para salir vestido de fantasma. Tal performance está acompañada de una música de ópera al doble de decibelios de lo que seguramente permite la ley. En fin…
Eso sí, además de la sesión friky, también hay: polideportivo, instituto, piscinas públicas, centro sanitario, estación de tren, biblioteca… y muchos, muchos bares. Especial mención para la banda municipal.

Por: la verdadera violante | General | Comentarios (3) | Referencias (1)
Señorita Violante, permitame sugerirle que en su próxima entrega los ilustre el relato con la Casa de Dios, ja que seguro que todos sus lectores nos hemos quedado con las ganas de ver este notable edificio de su localidad y al nombrado constructor.
Por lo que hace referencia al analisis de comportamiento local, un servidor comparte las mismas experiencias, y le puedo asegurar que no hay piedad en los pueblos (riete tu de GH!). Pero por el tono de su relato veo que usted una superviviente, después de haber compartido experiencies con Pilarín la Matahombres
MPPEKIN | 04-11-2005 00:17:22
Cómo me muero de la risa, Violante... Y qué parecidos somos de uno y otro lado del inmenso océano.
Aunque soy capitalina, viví todos los veranos de mis primeros quince años en un pueblo que pa qué. Ignoto para los mapas, los libros y los GPS. Pero hermanado con el tuyo en los apodos: la Matahombres, el Yarará (tipo de serpiente americana, apelativo ganado a pulso), el Precioso (se cuenta que una de las "forasteras" así lo nombró un día como al descuido, y así quedó retratado para siempre el hombre más feo del pueblo), el Tormenta (por su morenez montaraz)... ¿Y el lugar donde de los bailes donde se juntaban todos...? "El Quitapenas".
Un recuerdo emocionado al pueblo de mi madre. Emocionado no por el pueblo en sí, sino porque lo recuerdo en viernes. Y los viernes siempre me emocionan.
Bea | 04-11-2005 15:23:50
Pero no se puede esconder que debajo de glamoures y finezas están los localismos que nos han forjao. Cuando oigo los apelativos que acompañaron mi infancia: figorria,carnuzo, monín o chorrete/chorretín, se me pinta la sonrisa¡Qué le vamos a hacer!
(El chorrete es el chochico y siempre me viene a las mientes cuando he de explicar la metonimia)
Y tiene razón Bea, el mundo está lleno de parecidos razonables. Y quien ha sobrevivido a los defectos de un pueblo pequeño, seguro que es porque anda sobrado de las virtudes que hacen falta para escapar de él, a saber: grandes dosis del humor socarrón que hay encima o debajo de la inteligencia emocional.
Julieta | 04-11-2005 19:26:24
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en el jardín botánico | 2005-11-05 15:15:35
[...] Violante y su pueblo, me ha puesto tan nostálgica que he empezado a hacer recuento de las expresiones que, al cuarto de hora de estar en mi pueblo, me hacen sentir, en Marte(ruel) -espacio-, y en mi infancia -tiempo-.
verbos: estozolarse [...]