Desde este humilde espacio cibernético, donde todo es posible, regalo palabras para explicar una parte de la vida (¿docente?). Se puede leer, se puede opinar e incluso se puede disfrutar.
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Lunes, 17 de octubre de 2005
"Es necesario que todo cambie para que todo permanezca como está": con esta frase iniciaba un día su clase mi profesora de Literatura del XVIII tiempos ha. Y después, silencio. Todos conteníamos la respiración como si esperáramos que de pronto apareciera una zarza en llamas o un rayo de luz que inundara el aula. "Agua nueva en odres viejos". Silencio de nuevo...
Yo no sé a los demás, pero a mí estas sentencias me encantaban. He de confesar que también me producían como una risita histérica que tenía que contener con grandes esfuerzos. En su día utilizaba tales frases lapidarias para explayarme en los exámenes de títulos imposibles a los que nos sometía la buena señora.
Hoy en día me vienen a la memoria en situaciones absolutamente dispares, como por ejemplo los cambios de temporada.
¿Ya habéis hecho el cambio de armarios? Servidora, sí. Esta vez sólo he tirado una bolsa. Pero yo tiro y recojo: esto es un ciclo en sí mismo, sobre todo si coincides con amigos/as que a su vez hacen lo mismo. Hoy he salido de casa a las 8 de la mañana y he vuelto 11 horas más tarde más contenta que chupillas: ¡¡me he traído una bolsa llena de ropa reciclada de casa de Julieta!! A su vez, Romeo suministra al propietario original de la cruz de Caravaca que todavía nos trae por la calle de la amargura (la cruz, no el propietario).
La cruz ronda nuestras existencias últimamente: Angie Dickinson me matizó que de la oreja lituana pendía precisamente una de esas cruces. Esta mañana, para más INRI, mi Constantín / Teodorín ha entrado ha clase con una de ellas. Es este muchacho un alumno mío rumano cuyo nombre acaba en -ín y del que yo nunca me acuerdo (cuando me pongo cervantina trabuco los nombres de mis niños). Desde el primer día de clase voy alternando uno con otro (Constantín con Teodorín, entiéndase) sin que él nunca me haya corregido, de lo cual deduzco que: a) o no me entiende muy bien; b) o le importa un pimiento.
Las cruces están en su sitio. Las ropas sacadas de los diferentes armarios también. Ahora sólo me faltan dos cosas para que los odres de mi existencia no se tambaleen:
1) Que me den mi coche, que hace 9 días que pernocta en el taller (no quiero ni pensar en la factura, que igual lo dejo hasta principios del mes siguiente, así a lo tonto).
2) Que alguien o algo se lleve mi sofá viejo de la terraza. Con su tapizado de flores y la lluvia persistente de estos días, le van a salir flores de verdad. Y entre eso y mi hule de frutas gigantes, mi terraza va a parecer una mezcla entre Carmen Miranda y la Chunga.
Y eso sí que no.
En el ínterin, nos hemos puesto al día sobre cómo va el ciclo de la susodicha (para seguir el proceso, léase el enlace al jardín botánico: "Caravaca's cruise"). Parece ser que las aguas han vuelto a su cauce, y ya todos tienen su cruz correspondiente y con ella, su buena suerte. En el otro bando, los partidarios de San Antonio, que a veces es injustamente sustituído por un nudito hecho en lo primero que tienes a mano (no vale persona).
Por: la verdadera violante | General | Comentarios (1) | Referencias (0)
Lo que da de sí el google: Toma, lee.
http://www.e-barcelona.org/print.php?sid=3168
Julieta y su Romeo | 19-10-2005 22:42:23