Desde este humilde espacio cibernético, donde todo es posible, regalo palabras para explicar una parte de la vida (¿docente?). Se puede leer, se puede opinar e incluso se puede disfrutar.
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Sábado, 15 de octubre de 2005
Ya he advertido en ocasiones anteriores mi tendencia a asociar ideas, pensamientos e imágenes con explicaciones varias en mis clases. Doy fe de que no mezclo las burlas con las veras en las cuestiones lingüístico-literarias, y de que siempre hago como una paradita psicológica antes de introducir lo que yo llamo pequeñas bromas.
Pero es que me lo ponen a web, mis pupilos. Y claro, me salen inocentemente a borbotones por la boca. Lo malo es que luego se me olvida decirles que verdad del todo no es, y vete a saber qué idea tendrán por ahí sobre mi árbol genealógico y mis aficiones, entre otras cosas.
Unas veces por venganza, otras por el sentido del humor que me acompaña en las situaciones más insospechadas, el caso es que se me escapan pequeñas mentirijillas que provocan que algunos de mis alumnos se queden atónitos. Yo prefiero llamarlo creatividad. Además estoy convencida de que es bueno para ellos: así le van dando al coco...
Esta mañana, sin ir más lejos, uno de mis alumnos del grupo 1 (supuestamente de alto nivel), Gerard Depardieu, me ha preguntado por los pasillos si yo también daba clase en el grupo 2. Le he dicho que no, y como seguía acompañándome cual guardaespaldas hasta la puerta del aula, le he preguntado el por qué de su insistencia.
-Es que me cambian al 2 la semana que viene. Mi tutora me ha dicho que el lunes ya voy.
Y mi cabecita simplemente ha recogido la información y se ha metido en clase, la última para él en el aula de la sabiduría contenida. Y así ha pasado la hora: ellos poniendo ejemplos de frases que contuvieran lo que yo les pedía; yo cargándome todos los ejemplos sin piedad. Y como ambos bandos hemos acabado exhaustos y quedaban 5 minutos para que tocara el timbre de la última clase de un viernes, he decidido que ya estaba bien por hoy. Pero, claro, había que rellenar esos 5 minutos como fuera (cada día me veo más Terelu Campos) y les he dicho:
-Bueno, pues ya podéis recoger. Aprovecharemos estos 5 minutos para despedirnos de nuestro compañero.
-¿Dónde te vas?, ¿dónde te vas? -todos al unísono, asombrados de que yo tuviera tal información antes que ellos.
-A Australia, he contestado yo casi sin darme cuenta de que ese continente salía de mi boca.
-¡Hala, hala! -todos al unísono otra vez.
Y el pobre Depardieu, lívido y con un hilito de voz (producto del asombro, supongo), intentando decirles que no, que no. Al final, se ha hecho escuchar:
-¡Que no! ¡que me voy al grupo 2!
-¡Yo también quiero, yo también!, que aquí hay que estudiar mucho- decía Esther Williams, más dedicada a retocarse el eye-liner que a otros menesteres académicos.
Y de pronto me he acordado de que en el instituto en el que yo trabajaba antes aún deben de pensar que soy medio hindú. Esto se me ocurrió cuando las niñas de 4º no se creían que puediera irme un viernes con mi piel color carne (la mía, claro) y llegara al lunes siguiente como si hubiera estado todo el día buscando cocos en "La selva de los famosos".
Así que tuve que decirles que era medio hindú. Cuál fue mi sorpresa cuando comprobé que no sólo se lo creyeron sino que además me preguntaban por ello con una perseverancia que sólo se aguanta en la adolescencia si se trata de chismorreos sobre profes:
-¿Y cómo se llama tu familia?
-Somos los Rabindranah (bendito Tagore, qué bien me viniste entonces)
-¿Y has estao en la India?
-Hace muchos años, en la boda de un primo mío.
-¿Y qué ropa llevabas?, ¿te pusiste la peca ésa en la frente?
-Pues claro. Llevaba un sari precioso
-¿de qué color?
-Blanco y oro, como Francisco Rivera
Creo que me sorprendí a mí misma, pensando que en un momento u otro recordarían que el año anterior les dije que era medio argentina, prima de Chenoa. Pero no. Suerte que olvidarán mi ascendencia hindú de la misma manera que olvidaron mi parentesco con la ex de Bisbal (por cierto, qué poco me gusta la Elena Tablada ésa...).
En fin, que de vez en cuando no puedo controlarme a mí misma y voy soltándoles cositas así. El año pasado insté a mis tutorandos a bailar con sus familias en el comedor la danza al dios del sol para que el día de excursión de crédito de síntesis hiciera buen tiempo.
Creo que ya se van acostumbrando, y considero que no les va nada mal: como ahora leen tan poco, lo tomaré como un regalo que les hago: novelas de folletín.
Espero que no se me vaya de las manos algún día...
Por: la verdadera violante | General | Comentarios (2) | Referencias (0)
Yo en mi trabajo en las calles de este maravilloso pueblo, en el que en un principio nunca pensé en vivir, también me salen a borbotones pequeñas bromas a mis "clientes", que la mayor parte de veces no son adolescentes, aunque caen en ellas igual.
Sin ir más lejos el otro dia con mi nueva compañera (Christie Love), identificamos a un moro (ahora siempre digo moro, antes decia magrebí; pero descubrí que la palabra moro está totalmente aceptada por la Real Academia, "asin" que me encanta decirla). Bueno lo que queria decir antes es que identificamos a un moro sospechoso de cualquier cosa y resultó que se enfadó al afirmar que lo parabamos a él por su raza y que esto sólo se podia llamar racismo; yo evidentemente puse una cara de total asombro y le dije que me perdonara que en realidad buscabamos a un sospechoso noruego y que él para mi tenia todos los rasgos tipicos de las tierras nórdicas...no dijo nada y nos entregó su Pasaporte.
angie dickinson | 15-10-2005 15:52:26
Lo de Angie tiene mérito, pero como lleva uniforme, para lo de mentir tiene a la gente más predispuesta.
Lo tuyo, en cambio, es a pelo. Y, aunque tus clientes son adolescentes, tus mentiras, niña, es que son muy gordas.
!A ver si en vez de dar clase tú lo que haces es hiptonizarlos!
¿Te has mirado el paladar en el espejo?
Julieta y su Romeo | 15-10-2005 18:48:43